Los maestros tendrán que arrostrar pruebas. Los desalientos se acumularán sobre ellos mientras vean que su trabajo no apreciado. Satanás se esforzará por afligirlos con achaques corporales, esperando inducirlos a murmurar contra Dios, a cerrar sus ojos con respecto a su bondad, su misericordia, su amor y excelso peso de gloria que guarda al vencedor. En tales ocasiones, recuerden los maestros que Dios los está conduciendo a una confianza más perfecta en él. Si en su perplejidad quieren mirar a él con fe, los sacará del horno de prueba refinados y purificados como el oro que es probado en el fuego.
(Elena de White, Consejos para los maestros, página 301)
miércoles 2 de enero de 2008
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