El verdadero médico es educador. Reconoce su responsabilidad,
no sólo para con los enfermos que están bajo
su cuidado personal, sino también para con la población en
que vive. Es guardián de la salud física y moral. Su tarea no
sólo consiste en enseñar métodos acertados para el
tratamiento de los enfermos, sino también en fomentar
buenos hábitos de vida y esparcir el conocimiento de sanos
principios.
(Elena de White, Ministerio de Curación, página 75)
miércoles, 2 de enero de 2008
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